¿Por qué el rechazo a la bancarización en el sector privado cubano?

Las autoridades cubanas han insistido en la necesidad de bancarizar las operaciones económicas y reducir el uso de efectivo, respaldadas por normas como la Resolución 111/2023, la Resolución 74/2026 y el Decreto-Ley 91/2024. Sin embargo, en la práctica, la mayoría de los negocios privados continúan rechazando los canales de pago electrónico. Este desfase entre la norma y la realidad responde a varios factores estructurales que limitan la viabilidad de la bancarización en el sector privado.

1. Imposibilidad de reabastecer con pagos bancarizados

Aunque la Resolución 111/2023 fijó límites estrictos al uso de efectivo y la 74/2026 flexibilizó temporalmente esos topes, el problema central es que los proveedores no aceptan pagos bancarizados. En la práctica, los suministradores exigen efectivo en CUP o en USD, y las importaciones requieren dólares en efectivo. Si un negocio privado recibe pagos electrónicos, no puede convertirlos fácilmente en efectivo para pagar a sus proveedores ni comprar divisas en el mercado informal. Esto genera un círculo vicioso: la bancarización limita la capacidad de reabastecimiento y, por tanto, la continuidad del negocio.

2. Evasión fiscal y presión tributaria

Otro motivo de resistencia es la evasión fiscal. Las transacciones bancarizadas dejan un rastro contable que dificulta ocultar ingresos, lo que obliga a pagar impuestos elevados como el 10 % sobre los ingresos brutos mensuales en concepto de Impuesto sobre ventas y servicios.

3. Problemas de conectividad y energía

Finalmente, la situación energética y tecnológica del país dificulta el uso de plataformas electrónicas. Los apagones frecuentes y la baja calidad de la conectividad hacen que los sistemas de pago en línea sean poco confiables. Para un negocio que depende de transacciones rápidas y seguras, la bancarización se convierte en un riesgo operativo.

Conclusión

Las regulaciones cubanas sobre bancarización buscan modernizar el sistema financiero y reducir la informalidad, pero en la práctica chocan con tres realidades: la necesidad de efectivo para reabastecer e importar, la presión fiscal que incentiva la evasión y las limitaciones tecnológicas del país. Mientras estas condiciones no cambien, los negocios privados seguirán viendo la bancarización más como una obligación legal con riesgo de multas que como una herramienta útil para su gestión.

 

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